Lunes 2 de Mayo de 2005

Ingenio/ingenuidad

El sábado 23, durante el Encuentro de Jóvenes, un personaje nos habló sobre educación: para él era necesario ponerse a discutir sobre la propia definición de educación, rechazar la postura práctica de no cuestionarse los fundamentos. Entre otras cosas, sugería botar de una vez por todas al anticuado de Aristóteles de nuestros métodos educativos.

Hace unos días apareció en un boletín de mi escuela una opinión de un profesor del departamento de ingeniería industrial. El artículo versaba sobre el financiamiento de la educación superior. Al margen del propio tema tratado -de cuya discusión me abstendré-, el artículo abrió por fin mis ojos a las razones que me separan en forma definitiva de la Ingeniería.

El artículo en cuestión manifestaba una opinión-descripción; decía cómo son las cosas, distinguía posibilidades e imposibilidades, todo muy objetivo. Y ahí caí en cuenta: la Ingeniería no es fuerza de cambio; por el contrario, se trata de una herramienta de profundización de una situación o ideología previamente impuesta o pensada por otros. Es práctica, es pragmática. Es una fuerza del status quo. Las revoluciones generadas por ella son siempre involuciones, hacia adentro, hacia más de lo mismo; pero más eficiente, más óptimo (revolución industrial, tecnocracia, etc.)

Curiosamente, quien dio la charla es profesor de ingeniería industrial de la U. de Chile.

Tan sólo me resta guardar mis esperanzas en mis compañeros a quienes dejo en el ejercicio de esta profesión, en que ellos sabrán preguntarse constantemente dónde estamos parados y hacia dónde queremos ir.

Un patético comentario a “Ingenio/ingenuidad”

  1. Carlos Says:

    Hmmm…me es difícil obviar una reacción visceral en la que si bien entiendo tu punto y lo comparto en muchos aspectos, me siento profundamente en desacuerdo con el argumento que utilizas para referirte a tu distancia en la ingeniería. Y me siento de esa forma porque creo que no estamos tan lejos en la forma de ver el mundo, pero a mi me encanta la carrera. Creo que en esta ocasión te has equivocado y has hecho una interpretación simplista y con un nivel de carga afectiva negativa propio de quien debe seguir destinando muchos esfuerzos a algo que ya descubrió como ajeno.

    Arriesgo escribir en respuesta a tu crítica algo tan inconexo como ella misma, pero aquí va; supongo que siempre podré añadir un post más. Primero, debo criticarte el buscar las fuerzas de cambio en cualquier disciplina del saber. Todas ellas se construyen desde la observación y estudio de la realidad en sus distintas facetas. Esencialmente, todo saber refiere a lo que existe. Y ninguna de ellas será nunca un agente de cambio en sí mismo, afortunadamente todavía la voluntad y la pasión son propiedad sólo del hombre, quedando el saber supeditado a la labor de mera herramienta.

    ¿Cómo nos pides que nos paremos en la realidad y nos preguntemos donde queremos ir, si criticas a alguien por el hecho de poner sus dos pies firmes en esta realidad antes de dar un primer paso? Creo que tu crítica a ese artículo está equivocada, pues el profesor en cuestión probablemente sigue exactamente los mismos fines de fondo que tú en términos del acceso universal a la educación, y la molestia que tú manifiestas aparece ante mis ojos como un descontento por el pragmatismo mostrado al analizar las formas actuales y sugerir la mejor para acceder al mismo fin. Puma, las ciencias y disciplinas del saber en general siempre te tendrán atados a las formas, y será la voluntad del hombre la que marcará los cambios de fondo, no importa la disciplina.

    No es que crea que tu cambio de vocación está equivocado y vacío. Tan sólo creo que hoy erraste el camino al intentar racionalizarlo, obviando la mayor de las razones: en tu corazón te sientes llamado a “cambiar el mundo” con armas muy distintas a la de la ingeniería. Pero créeme que ella no tiene la culpa. No es mejor ni peor. Sólo es una herramienta más. Y será la decisión de quien la tenga en sus lo que marcará la diferencia.

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