Jueves 6 de Octubre de 2005

Cuncuna amarilla

Muchos años atrás, debe haber sido el 97, cuando cursaba yo el 2do medio, un compañero escribió para la clase de Castellano una especie de obituario metropolitano: la ciudad estaba muerta. La idea central estaba en las micros: añoraba las Pila-Ñuñoa, Tropezones, Pedro de Valdivia-Pudahuel (con lagarto Juancho incluido), las Intercomunales, y la diversidad de colores, en contraste con la uniformidad amarilla y numerada de hoy. Muchos, en ese entonces, descalificamos su nostalgia y su crítica. Las palabras “tropical” y “bananero” probablemente surgieron en esas discusiones, como aún lo hacen cuando nos queremos creer un país moderno.

Vivo en un lugar extraño, ajeno en gran medida a la ciudad (es el karma de la familia; cuando llegamos hace más de 15 años, no había teléfono ni transporte público. Por otra parte, gocé del gas de cañería lustros antes de Metrogas. Las micros que luego se desplazaron por acá tuvieron siempre un aire amateur agradabale: no eran amarillas, sino que tenían un paisaje (horrible, pero da igual) pintado, uno saludaba al chofer y él a uno (yo no me atrevo, pero muchos les dicen “tío”) y se podía pedir pagar después si andaba corto de plata. Hace un par de años las pintaron de verde y blanco, y les chantaron el recorrido ES-3. Hoy micros y choferes están por irse. Llega el Transantiago con sus micros que pasarán cada 15 minutos y, probablemente, lo hagan en las horas prometidas. Temo, por las sensaciones que esto me provoca, que soy intrínsecamente conservador.

Dejo acá un pueril testimonio con el que obtuve mi primer 7 en la clase de Artes en el colegio (ya no era “Artes Plásticas“) en mucho tiempo. Mamón, pero no me importa.

5 patéticos comentarios a “Cuncuna amarilla”

  1. Distémper Says:

    Cuando llegué a vivir a ese lugar clonado del suburbio del Joven Manos de Tijera apenas pasaban cuatro o cinco micros al día. Si perdías la micro de las 3PM, por ejemplo, debías esperar hasta las 7. Recuerdo haber hecho hora en el colegio toda la tarde, haberme comprado El Mercurio para leerlo entero en el metro, o incluso una vez haber caminado 10 kilómetros hasta la casa. Era espantoso, vivías tu vida en función del horario de la micro. Luego la cosa mejoró, pero siempre el karma de vivir ahí era ese. Por ello, a diferencia tuya, saludo con parabienes la llegada de un nuevo sistema, aunque no vaya a disfrutarlo.

    Abrazo.-

  2. dieciocho Says:

    pura poesía

    y encerrados en la Micro
    van los escogidos
    hacia el mundo diferente

    Esto de sentirse elegido…

  3. el_chere Says:

    Hola,
    Te invito a visitar mi pagina y votar por los “Premios Cero Aporte 2005″…la idea es que voten todos y elegir la creme de la creme de nuestro chilito querido.-

    Saludos.-
    http://elchere.blogspot.com

  4. fabiola Says:

    pues yo vivo en un pueblo que tiene tres buses diarios, nada de tren, mucha bicicleta y más coches. Ese es mi pueblo y yo, que vengo tambien de santiago, echo de menos la cercanía eterna del transporte público, que demora siglos en trasladarte pocos kilometros. esa inseguridad de las carreras de ultima hora, de las chuchás y el joterío de tempranas horas.

  5. sasiulp Says:

    Hola ornitocracio: te vi en el blog de Distémper y vine a ver qué onda por acá, pensando en la sala de profes que todavía te ladra… Qué mal el recibimiento.
    Me gustó lo de las micros, de todos modos yo prefiero las micros uniformadas y pasando a una hora conocida.
    Saludos

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