Archive for Diciembre, 2010

Mis 80

Lunes, Diciembre 20th, 2010

En la micro, ir de pie o sentado en las faldas de mi mamá.

Navegar en la casa matriz del Banco del Estado.

Aprenderme los íconos de las estaciones del metro. Darme cuenta que los trenes no se arrastraban, sino que tenían ruedas, y bien grandes.

Creer que la canción decía “ya viene la puerta, la voz de los ochenta”.

Jugar en la casa con los autitos Matchbox o con los Tente.

Jugar en el patio con las piedras, las hormigas, la buganvilia (¿bugambilia?) o andar en bicicleta en un estacionamiento descomunal con un parrón encima.

Creer que “parrón” y “estacionamiento” eran sinónimos.

Los domingos, caminar a la misa en Pedro de Valdivia con Bilbao, donde hacía como que cantaba, moviendo los labios. Al salir, comer barquillos y volver a ver al profesor Rossa antes del almuerzo.

Aprender a leer, escribir y sumar con las tareas que me dejaba la Caro.

Recibir a mi papá de vuelta de Canadá. No sé cuántos viajes fueron. Me trajo un Meccano, un juego de electrónica, un kit para armar una radio y un jeep blanco a control remoto.

Todas las noches comer en familia, menos el domingo, cuando tocaba un sándwich en la pieza, quizás viendo el Japenning.

Visitar a la Lucía, la mamá de mi mamá, en su casa de reposo; ella acostada jugábamos con una almohada y veíamos tele, la única que yo conocía que tenía control remoto

Jugar Donkey Kong, Montezuma, Tennis, Bruce Lee y Pole Position, a veces ver los juegos nuevos que traía Felipe del colegio.

Ver el Festival de los Robots, Grand Prix, la ballena Josefina y hartos más.

Ir de vez en cuando a comprar huevos en Los Leones.

Perder una tortuga para siempre en el patio.

Jugar con un tren eléctrico, ir con mi abuelo a una galería en el centro a ver más cosas de trenes.

Tener peste cristal, romperme una de las cuestiones en mi muñeca con la bandeja del almuerzo.

Compartir la pieza con Felipe. Manchar su silla con tinta china o témpera y no confesarlo hasta mucho después.

Ver con la Caro el show de Benny Hill los viernes en el 11… sólo recuerdo gente corriendo y la música.

Entrar a kinder, ahí hacer algunas cosas con plasticina y dibujar unas líneas para que Pepito anduviese sin salirse del camino.

Durante los recreos, los hits: hacer rodar unos neumáticos o jugar en un pozo de arena.

Enterarme, creo que en la casa de mi abuela, que mi hermano con el que supuestamente jugaría fútbol en realidad había sido una hermanita, la Javi. Mecerle la cuna y quererla mucho.

No saber mucho de las elecciones, salvo que en la primera el viejo debía perder y en la segunda el viejo debía ganar.

Los veranos viajar a Los Ángeles. Ahí, aprender a jugar carioca y a nadar a lo perrito con un chaleco salvavidas en un río.

Pelear con mi prima un verano en Victoria: ella con la chapita del Sí, yo con la del No, en una casa que tenía un baño con dos entradas y unas escaleras muy raras. Después del reto, no pelear más.

Viajar solo a pasar las vacaciones del 90 con mis primos… a la vuelta, cambiarnos de casa.

El año del pumita

Jueves, Diciembre 9th, 2010

Tomi:

Hace poco más de un año, nos arrancamos un fin de semana con la mamá a comer, descansar, prepararnos… y sobre todo a imaginar cómo iba a ser tenerte pronto con nosotros. Allá, durante las noches, empecé a escribirte una carta. Algunos meses más tarde, durante alguna de las infructuosas noches en que intentaba terminar mi memoria de la universidad, intenté continuar, pero no pude. Hoy, cuando cumples un año, te tengo por fin este regalo.

Creo que me costó tanto escribirte porque se me ocurrían un millón de cosas para contarte; después de un año me he dado cuenta que en realidad lo que quiero decirte puede salir en menos palabras y con más sentido.

Quiero que seas un niño feliz. Quiero que aprendas a divertirte con los demás y que también descubras el mundo gigante que llevas dentro; quiero que encuentres cosas entretenidas en todas partes y que seas muy curioso.

Quiero que aprendas a ser libre, pero siempre respetando mucho a los que te rodean. Quiero que entiendas que la libertad es un derecho que debemos defender, pero también un regalo que hay que saber usar.

Quiero que seas mejor que yo. No que tengas más plata ni más cosas, sino que te cueste menos disfrutar, que sepas descubrir las riquezas escondidas y te resulte más fácil que a mí hacer el bien a los demás.

Hoy pareciera que los papás educamos hasta los 2 años y se acabó: eligiendo un jardín y después un colegio bien evaluado todo pareciera estar solucionado. Uno de tus tíos más tarde podrá contarte cómo lo han hueveado porque quiere vivir en el sur de Chile, casi considerándolo irresponsable porque los colegios de allá serían peores. Con la mamá no somos así: creemos que lo más importante viene desde tu familia, porque así nos tocó vivirlo. Tenemos una idea de donde nos gustarías que estudies, pero no nos desvelamos: sabemos que tu experiencia, sea donde sea, dependerá más de ti y de nosotros que de los puntajes y las evaluaciones.

Me sorprendes día a día con las cosas que vas aprendiendo; de verdad me has enseñado a ser mejor, a dejarme maravillar nuevamente por esos milagros que pasan inadvertidos y abandonar (en parte, al menos) mi característico orgullo, mi habitual decir “yo me la puedo solo”, cuando sé que nunca ha sido así.

Tanto como hoy me sorprende que ya te pares solito, me maravillo con la forma en que te vamos dejando hacer más cosas: hasta hace poco nos poníamos nerviosos de dejarte sentado solo, porque te caías hacia atrás… hoy, aún te vas de espaldas de vez en cuando, pero ya no tenemos miedo. Espero que así seamos siempre: dejándote crecer, pero siempre con el abrazo dispuesto para cuando lo necesites.

Un beso gordo, mi gordo. ¡Feliz cumpleaño!

Tu papá.