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Los pumas

Miércoles, Agosto 3rd, 2005

Hoy me lanzo sin (muchos) disfraces alegóricos o metafóricos. Hoy no abusaré del lenguaje ni pretenderé escribir versos en prosa. Hoy sólo traigo la carne viva, roja, sensible; la epidermis gastada tras la experiencia, o más bien la vivencia, que ahora paso a relatar.

El sábado 16 pasado, me reuní con un grupo de 7 jóvenes de tercero y cuarto medio. ¿La razón? El día lunes 18 partíamos a la comuna de Padre Hurtado (camino a Melipilla), específicamente al sector de la capilla Sagrada Familia, a las misiones de la CVX conmigo a cargo del grupo. Llevábamos una media hora de reunión y formulo la clásica pregunta (por cuarta vez, probablemente): “¿alguna duda?”. Timídamente -no tanto, en realidad- una chiquilla (sí, uso esta palabra oralmente también) cuyo nombre en ese momento aún no tenía en mente me dice “oye, sabes que en realidad no has dicho nada… no cacho nada de qué vamos a hacer”. Y era la pura verdad: no había dicho nada en media hora y sinceramente no tenía nada claro respecto a qué iba a hacer en estas misiones. Me subí al tren de esta cuestión un tanto a la rápida y sin pensarlo, sobre todo considerando la tonelada de dudas que me invadían, no en materia de fe, pero sí en el ámbito doctrinario-eclesial. El pasar una semana entera sin poder ver a la Gaby (que fue a cargo de otro grupo) era también un punto de roce fuerte.

Partimos finalemente el lunes en la mañana. El grupo quedó definitivamente conformado por 13 más el ornitocrático asesor… aquí, sentado frente con el teclado bajo mis dedos me doy cuenta de lo cuesta arriba que se torna esta tarea de intentar contar qué sucedió allá. A mí me tocó más que nada acompañar a mi grupo, intentar guiar cuando fuera necesario, ayudarlos a darle cierta continuidad al trabajo que ahí estábamos realizando. En resumen, se entregaron por entero. En las visitas a las casas se involucraron en las vidas de las personas sin ahorrarse. Por medio de los talleres con los jóvenes y la conversación cotidiana pudieron empujar su iniciativa un tanto dormida para formalizar un grupo que transformase esto en algo más que un lindo recuerdo. Supieron manifestar y enfrentar los temores a ponerse un atuendo blanco (alba, que le dicen) para presidir una liturgia o a pararse adelante en medio de ésta a predicar. Vi durante una semana una iglesia que realmente tiene sentido, siendo parte de una comunidad, movilizando, dialogando; no excluyendo, teologizando de sobra o excomulgando.

En lo personal, he comprendido al fin que la iglesia no está ahí para sentirme más a gusto o como respuesta a mis cuestionamientos intelectuales (que sin duda los seguiré teniendo): el mayor valor está en formar comunidad, en reconocer el absurdo de un camino “independiente”. Quiero depender: depender de la Gaby, depender de mis amigos, saber que entregarse tiene dos partes: primero, que no puedo entregarme más que a mí mismo -ser genuino- y segundo, que la entrega es a otro, nunca individual, no quiero una iglesia privada. Enfrenté una vez más mis temores: a ser muy viejo para el grupo, a que las dudas doctrinarias fueran obstáculo para dialogar, a haberme transformado en un ser insensible.

Carla, Pía, Cata, Cami, Vale, Pati, Miguel, Carlos, Juan Pablo, Juan Pablo, JuanMa, Emilio y Feña (los pumas): gracias por hacerme redescubrir la vida cevequiana, por demostrarme que nunca se aprende lo suficiente y que la experiencia sin vivencia es sólo una vieja quejosa, por confirmarme en mi vocación de profesor, por aprovechar la libertad que pretendí entregarles para que esta misión fuera auténticamente de ustedes, con todo lo que son; gracias sobre todo por no haber guardado para ustedes la increíble relación que formaron (diría que casi en tiempo récord): por el contrario, aprovecharon a fondo su dinámica de equipo para darse por entero a la comunidad de Sagrada Familia. Tal como ellos fueron el centro para ustedes, ustedes lo fueron para mí. Hoy les toca a ustedes descubrir todo lo que tienen aún por entregar; yo los acompañaré todo lo que pueda.

Este post ha sido un caos, pero es tan sólo el reflejo de un muy feliz desorden que estoy viviendo con mucho agradecimiento.