El mejor defecto
Monday, May 16th, 2005Como si tuviera que justificar todo lo que escribo, anuncio antes que todo que lo que contaré ha sucedido realmente; yo ya lo he vivido cuatro veces.
Estoy en medio de una asamblea reunida para elegir a una persona a un cargo. Los candidatos se presentan a sí mismos; usualmente mencionan aquellos cargos desempeñados anteriormente que puedan resultar de interés a la audiencia, además de especificar claramente la carrera, universidad y, a veces, la edad o curso.
Usualmente, de acuerdo a la costumbre de la organización en cuestión, en algún momento de la sesión una persona ofrece a la asamblea la oportunidad de hacer preguntas a los candidatos. La pregunta inevitable (suele ser de las primeras) es: “¿cuáles crees que son tus virtudes y tus defectos?â€.
Las virtudes suelen enumerarse -e intentar explicarse sin éxito- de forma más bien humilde, modesta. Los defectos aparecen luego de forma más bien abierta, sincera, con esto los candidatos muestran claramente su capacidad de autocrítica -una nueva virtud. Para finalizar, llegan este importante defecto: “soy intolerante al fracasoâ€. En esto se quedan buena parte del discurso que compone su respuesta, explicando que se apasionan tanto con lo que hacen que, cuando no resulta, se frustran mucho. Nuevamente una virtud: nuestros candidatos son apasionados, trabajan con intensidad y más encima sienten como una derrota personal -de ahí la frustración- el fracaso en su trabajo. Nuestros candidatos se identifican cabalmente con nuestra organización, y están dispuestos a sufrir trastornos intestinales, de ánimo, pareja, familiares; psicológicos y psiquiátricos, por trabajar por nosotros. Entonces, ¿cuál es el defecto?

