Archive for Abril, 2005

Fletez

Jueves, Abril 28th, 2005

Insistí repetidamente anoche que no tenía ninguna intención de ver el debate entre periodistas y candidatas, pero terminé viéndolo igual. ¿El saldo? Este comentario: ustedes juzguen.

Mi hermano Distémper comenta mejor que yo respecto a los periodistas presentes. Sólo me queda decir que ante la idiotez generalizada de las preguntas, uno no puede dejar de sorprenderse de la aún mayor contenida en las respuestas. El único comentario periodístico que sentí mío fue “Pero escuchar esto es como escuchar a Lavín”. No sé quién lo dijo ni a quien.

Debí preverlo: ver esta hora espantosa no produjo en mí la sonrisa de burla que debió; por el contrario, al igual que los noticiarios (por algo no los veo), terminé emputecido, como si realmente hubiera esperado algo bueno.

Alvear:
Fleta porque habla de presunción de inocencia y posibles honores al viejo de mierda. Tan fleta como los tres gobiernos anteriores. Fleta diciendo que “habría que evaluar” la destrucción de los saltos del Petrohué. Fleta por no ser capaz de decir en qué se diferencia de la que estaba al lado.

Bachelet:
Fleta porque tiene que esperar informes de inteligencia especializados para opinar sobre los derechos humanos en China. Fleta porque todo lo evalúa. Fleta porque cita el código civil cuando le piden una opinión.

En resumen: fletas porque saben que van a ganar (sabemos que aunque una no salga presidenta, no va a estar precisamente cesante), portadoras de una arrogancia sólo heredada de Laguín.

Y, como siempre, el más idiota termino siendo yo: ¿qué cresta me importa? ¿no debería tener claro que en marzo sólo habrá una serie de enroques? Por favor, amárrenme el 27 de julio y en el debate Lavín versus Sra. Concertación; no me dejen torturarme una vez más.

Las mil puertas de Huidobro

Martes, Abril 26th, 2005

Creo necesario incluirlo aquí, para que aquellos que nunca supieron de su existencia ahora lo vean. Ya vendrán posts más actuales.


Vicente:

Es difícil imaginar un par de individuos tan disímiles como tú y yo: época, clase social, política, moral; nada de esto nos une.

Te echaron y te fuiste con rencor y odio del mismo colegio del cual yo egresé pleno de orgullo y cargado de desafíos. No fuiste suficientemente hombre y te enamoraste como un adolescente de Ximena estando casado y con hijos. Simulaste tu secuestro en Londres por un conflicto político que tu libro ni siquiera soñó en provocar. Despreciaste a Neruda. Nunca fuiste capaz de vivir como un hombre maduro y dañaste a los que te quisieron. Pretendiste para ti un trono divino, quisiste ser “un pequeño Dios”.

Pero Él, en realidad, se reía de ti; más por las cosquillas que le hacías en sus pies que por burlarse. Cuando cantabas a Altazor “eres humano, terriblemente humano”, te cantabas a ti. Nunca fuiste el Superhombre de Zarathustra.

Tu vanguardia poética hoy no es más que una pieza de anticuario, “cuelga, como recuerdo en los museos”. Tú lograste la incoherencia meramente lírica. Nosotros nos burlamos de ti y tus amigos franceses con nuestra incoherencia patéticamente real.

Pero tus versos. Ellos han atravesado la tumba de Cartagena y su historia, democracias y dictaduras, paz y guerra; han llegado hasta mí y también siguieron de largo.

De paso, ellos abrieron un espacio en mi corazón para albergar una amistad transcentenaria y transmilenaria por una persona que odió lo que yo amo y amó lo que yo odio, pero que supo encontrar en un poema un idioma común.

Lo has logrado, tu verso sí ha sido “como una llave, que abra mil puertas”.

5 de julio de 2004

Cuestión de estómago

Martes, Abril 19th, 2005

Imposible dejar de mencionarlo.

Hoy estaba parado en el casino de la escuela, atento como otros al anuncio de Medina… primero creí escuchar entre la verborrea latina algo como ‘Joseph’ (más tarde supe que fue ‘Josephum’). Luego, más latín, una pausa, y el nefasto ‘Ratzinger’.

Sin duda, pues ya había comido la mitad de mi plato, la sensación de vacío en el estómago fue psicosomática.

No faltó el chistoso que dijo ‘¡Gol!’. Sí, un golazo que nos metieron con esta lamentable continuidad en el desahucio de la heterogeneidad de pensamiento en la iglesia y en el mundo.

Sardinas

Viernes, Abril 15th, 2005

Hoy tuve un codo apoyado en una vértebra, un brazo pasado por encima de mi hombro y otro bajo mi antebrazo, dos cuasi-caídas sobre una señora inocente, un niño asomado a mi bolsillo derecho, y la poco confortable sensación de no sentirme dueño de mi cuerpo. Todo durante eternos 15 minutos.

Hace 15 años que viajo en Metro… recuerdo que pasaba largos ratos aprendiéndome de memoria las estaciones de el par de líneas que antes teníamos. Tantos sueños nacieron ahí… tantos, que muchas veces desperté en la estación de la U. de Chile, una después de la que debía. A veces veía la luz incluso más lejos.

Tanto vagar mental nunca produjo nada más que un par de conocimientos patéticamente prácticos1. Hoy, sin embargo, si tengo algo qué decir: ¿por qué cresta aquellos que no tienen ninguna posibilidad de escoger su horario (porque trabajan o estudian), reciben el peor servicio y deben pagar más que los demás?

No me vengan con la panacea de la economía de mercado; éste es un contraejemplo evidente y cotidiano.

1Los entrego al mundo: en la línea 1 se demora 1:15 minutos entre dos estaciones consecutivas y en la línea 5, 1:30 minutos. Ejemplo: entre Las Rejas y Baquedano hay 12 x 1:15 = 15 minutos, y entre Baquedano y San Joaquín hay 8 x 1:30 = 12 minutos.

Mirando!

Miércoles, Abril 13th, 2005

- Padre, me confieso: el viernes fui a la Blondie.
- Mmm, continúa hijo.
- Fui por mi voluntad, con mi plata y con la intención de ver a Miranda.
- Ándate a la cresta, hijo.

Hace unas semanas pillé el video de “Yo te diré” en el MTV y casi apago la tele. Pero el gusto quedó; incluso las despiadadas teles del Metro me lo enrostraban cuando podían. Y terminé bajando la canción, el disco y luego el otro disco.

En mi retorcida mente synthpopera, equiparo a Miranda con Erasure.

“¡¿Y acaso Erasure”, dirán airados algunos, “es bueno?!”.

Para mí, sí. Duran Duran, Depeche Mode, New Order, Pet Shop Boys, y otras rarezas y joyitas ochenteras que regularmente me presenta mi hermano son parte de mi colección musical. La culpa es de él.

¿Y la Blondie? Por $5.500 obtuve:

  1. La gratificante sonrisa en la cara de la Gaby y en la mía cada vez que ponían una nueva canción para bailar. “Esto es música”, decía ella.
  2. El agrado de escuchar “disculpa” o “perdón” cuando me pasaban a llevar. Y como parte del combo, me traje un incrementado resentimiento contra los antros más cercanos a la cordillera.

Querer es deber

Martes, Abril 12th, 2005

(Aparecido en el pasquín del Centro de Estudiantes de Psicología UC)

Era en aquellos tiernos días de nuestra infancia, cuando nuestras escuálidas o abultadas carnes eran testimonio inefable de los mismos adjetivos aplicados a las rentas de nuestros padres. En ese entonces, ante nuestra desesperada negativa a hacer algo porque “no puedo” (en mi caso, habitualmente en Educación Física), una linda parvularia ­­–igualita a las que se forman a un centenar de metros de mi escuela–, nos decía “querer es poder”. Era el casi como el “sana-sana” materno: todo se solucionaba y uno volvía a intentarlo a ver si transformaba la sempiterna sonrisa de aquella pseudomadre en una sonrisa genuina.

Con el tiempo, la “tía” fue dando paso a “profes”, “señoras” o, derechamente, “viejas”. Al mismo tiempo, nuestras madres fueron dando paso, por que no les quedaba otra, al tiempo. El discurso de bienvenida en primero medio necesariamente incluía la referencia a “ahora vale para la prueba de aptitud”. Y el tiempo seguía pasando.

Resultó que, mientras pasaban estos cuatro años, mi promedio de notas se mantuvo dentro de los buenos, y en especial el de matemáticas. No recuerdo precisamente cuándo, pero durante este tiempo el cariñoso “querer es poder” se transformó en un tiránico “poder es deber”: yo debía estudiar Ingeniería.

Y así fue. Nunca me pregunté si en realidad mi habilidad matemática apuntaba más a otra profesión, si tal vez sería mejor en una carrera técnica y menos se me pasó por la cabeza que los talentos no son estáticos. Nunca pensé que la universidad fuera una posibilidad entre otras, sino que era la alternativa a la nada.

Han pasado seis años. En mi familia la historia se repite con mi hermana chica. Yo estoy aquí, a cuestión de meses de irme de esta universidad para siempre, escribiendo para un pasquín de una escuela que no es la mía (a la que le agradezco los mejores cursos), pensando que lo mío es enseñar. Sobre todo enseñar que los caminos son miles y que, como de algún modo lo sabía Winston en “1984″, la esperanza del país no es exclusiva de los universitarios.

Bola, ¿qué tal?

Martes, Abril 12th, 2005

Reconozco mis defectos. Está bien, en realidad no lo hago; pero hoy sí. Usaré tiempo que me sobra y bytes de un disco duro desconocido para registrar mi vil obra. No pienso justificarme más ni dar pena.

Por cierto: ya se verá más bonita esta cuestión.